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Música

Lacrimosa - "Lament"

25 de junio de 2026

La Noche oscura del alma de Tilo Wolff.

En la primera remesa de críticas musicales de Gothic et anima no podíamos olvidarnos de Lacrimosa. Hace bastantes meses de la edición de este Lament, pero tanto por la importancia de la banda como por la calidad de la obra en sí, el disco bien merece un puesto en nuestros inicios como medio.

Lacrimosa es un estilo musical en sí mimo; ninguna otra banda suena como ellos ni ellos se asemejan en exceso a nadie. Es un universo artístico y estético en el que Tilo Wolff y Anne Nurmi juegan con sus propias reglas, ajenos a las modas y los devenires de un panorama musical siempre cambiante. Su trabajo constante a lo largo de las últimas décadas les ha llevado a alcanzar un estatus de leyendas dentro del mundo siniestro y, si bien sus niveles de popularidad en Europa no son los mismos que en los primeros 2000, su repercusión en Hispanoamérica parece no tener techo.

Si hasta ahora nunca te has acercado a uno de sus discos, la mezcla que te espera en ellos es algo difícil de expresar con palabras pero lo intentaremos resumir a grandes rasgos en: rock gótico, abundantes orquestaciones e influencia de la música clásica, momentos de metal de corte clásico y un lirismo que siempre ha derrochado sensibilidad. Todo ello en dosis variables, dependiendo del disco y la etapa creativa correspondiente.

En este presente Lament nos encontramos una obra de madurez. Sí, suena a cliché, pero al menos en esta ocasión es totalmente cierto. Madurez en todos los sentidos posibles. El disco desprende serenidad, una sabiduría acumulada a través del dolor y la lucha, hasta alcanzar la ansiada calma interior, esa calma que en realidad es fuerza, y nos permite salir victoriosos de las pruebas más duras.

Que no espere el oyente más conocedor de la trayectoria de la banda las explosiones de fantasía sonora ni los ambiciosos derroches compositivos de sus obras cumbre de primera juventud, como Stille o, especialmente, su inigualable Elodia. Esos días ya pasaron. Lament ofrece, como decíamos, una cara más sosegada, más templada, pero igualmente valiosa y recomendable. No sería atrevido calificar ésta como una edad de plata para Lacrimosa. Saben transmitir a la perfección su mensaje con mayor economía de medios sin dejar de explorar sonoridades que resultan novedosas en su personal microcosmos. Esa capacidad para seguir expandiendo sus límites y sorprender al mismo tiempo que se mantienen fieles a su esencia es uno de los mayores méritos de la banda.

Al emprender el viaje sonoro y emocional que representa Lament conviene tener en cuenta que es una obra que se degusta de forma mucho más coherente y placentera si se escucha en su totalidad y en el orden que Tilo Wolff nos propone. Este sentido narrativo y de conjunto inseparable es algo que podríamos aplicar a la mayoría de discos que existen sin importar el género, pero en el caso de Lacrimosa es una seña de identidad fundamental (¡que viva el disco como obra en sí misma, muerte a las playlists!)

Lament comienza de forma muy sutil, mínima, con la canción homónima. Es un inicio lento y elegíaco, un dolor que se comparte con el oyente de forma íntima y sincera y que marca el tono de todo el disco, que se irá desplegando sonora y sentimentalmente a partir de este punto tan oscuro y contenido.

El motivo principal de Ein Sturm Zieht Auf es una de las primeras sorpresas del disco; lúgubre, engañosamente sencillo y que, cuando menos esperamos, desemboca en un cambio de registro, una segunda mitad del tema con guitarras acústicas mucho más cargada de esperanza -“Eclipsa esta oscuridad, como el sol de tu corazón, la luz brilla desde tu ser” - y que se cierra de forma exquisita retomando el motivo inicial. Todo este pasaje jugará un papel fundamental más adelante, en el desenlace del álbum.

Tilo aprieta levemente el acelerador en Ein Langer Weg, un medio tiempo con cierto aire ¿western?, más coreable y rockero y que en su parte final sorprende con un mantra ruidista. No inventan nada pero consiguen que el oyente levante la ceja al comprender que siempre hay margen para seguir asumiendo (relativos) riesgos creativos.

Con Du Bist Alles Was Ich Will la velocidad vuelve a descender. Se trata de un corte muy lento y atmosférico que recuerda en su minimalismo a los primeros trabajos del grupo, cuando sus canciones se basaban en cajas de ritmos sobre las que ir depositando, de vez en cuando, acordes para que la voz torturada de Tilo nos hablase de su eterno anhelo de ese amor redentor que nunca llega. Aunque la descripción parezca indicar lo contrario, es una pieza que mantiene el alto nivel compositivo del disco hasta ahora.

Avalon nos vuelve a cambiar de registro. En el single de presentación del disco regresa la orquestación más grandilocuente y pomposa marca de la casa, y lo hace a lomos (¡por fin!) de una base metalera contundente. Por primera vez en toda la obra oímos a Anne Turni, que junto a Tilo nos muestra su desencanto ante el mundo actual y su decadencia, alejándose por un momento de su romanticismo tan recurrente. Quizás sólo en el mito se pueda volver a encontrar el sentido que el mundo moderno parece haber perdido. El tiempo dirá si se trata de un futuro clásico dentro del repertorio del grupo, desde luego méritos no le faltan.

Con Geliebtes Monster el pulso del disco vuelve a bajar, ya que se trata de otro tema minimalista, lento y muy introspectivo. Aquí se exploran otras facetas más retorcidas del amor: un Tilo ya adulto, desnudo emocionalmente, trata de ajustar cuentas con una figura que bien podría ser la del padre o la madre. Un mensaje duro y honesto, casi un ajuste de cuentas, que mezcla la comprensión y el rechazo y que vuelve a dar muestras de esa sensibilidad tan madura y serena que citábamos un poco más arriba.

Dark is this night es “la canción de Anne”, como viene siendo tradición en todos los discos de la banda desde su incorporación allá en 1994. Y, sí, amigo lector, lo has adivinado, ¡es otro tema lento!... y ya van unos cuantos. Nos encontramos ante el que quizás sea el punto menos fuerte de la obra. Todo suena bien, todo es como debería ser y el resultado es una buena canción, pero no hay aquí nada realmente nuevo o fresco. También contribuye a esta percepción una letra (que mezcla inglés y finés) menos estimulante en su planteamiento que la del resto de temas.

Y justo cuando estamos a punto del melancólico bostezo y de caer en un -no sabemos si eterno- sopor a causa de tanta canción lenta, Lament nos sacude con Punk & Pomerol. Una tormenta de riffs metaleros con dudoso sonido que recuerda a los momentos más -precisamente- punk, de unos Rammstein primerizos. Todo ello servido sobre unas baterías trepidantes, si tenemos en cuenta los estándares de Lacrimosa. Pero lo más refrescante no es ese momentáneo subidón, ni ese estribillo decadente tan coreable. La sorpresa se encuentra en la letra. Aquí podemos asomarnos a la mente afilada y perspicaz de alguien que ve el mundo con escepticismo y se atreve a reírse de toda una corriente social considerada durante mucho tiempo intocable desde el mundo de la cultura. No daremos más pistas. Sólo podemos animar al lector a que escuche y lea la canción para, justo después, brindar con una botella de ese delicioso Pomerol por la excelente labor lírica y la valentía del señor Wolff. Bravo.

Casi cerrando el disco llegamos a In Einem Anderen Leben. ¡Ay, Tilo! ¿De verdad era necesario esperar tanto minutaje para sacar a relucir este himno potencial? Una dinámica envidiable entre estrofas, estribillos y puentes, una composición excelente y una letra cargada de esa dramática esperanza que tanto gusta a los seguidores de Lacrimosa. Esta pieza lo tiene todo para estar al principio del disco e incluso para convertirse en un clásico instantáneo dentro de los conciertos de la banda. Pero tenían muy claro cual debía ser el tono y el ritmo de la obra en su concepto global. De la oscuridad a la luz, del abismo del abatimiento a las cumbres de la reconciliación. Y es por eso que había que esperar para que In Einem Anderen Leben pudiese sonar en su lugar preciso. Haberla adelantado supondría alterar el viaje emocional que es Lament.

Y ese viaje concluye, al igual que la Trilogía de las tormentas en su conjunto, con Memoria, Le grand finale. Como ocurre en muchos otros álbumes del grupo, la pieza más ambiciosa queda reservada para el último lugar. Memoria atesora todas las virtudes del disco. Es una canción larga en la que volveremos a encontrarnos algunos de los motivos musicales ya planteados en momentos anteriores de la trilogía, lo que genera una reconfortante sensación de cierre de ciclo. La intensidad emocional de sus últimos compases es simplemente sobrecogedora. Nos deja una sensación de paz, pero es una victoria sobre la desesperanza -sobre las tormentas - que no llega sin un gran dolor previo. Hemos pagado un alto precio, pero la oscuridad empieza a quedar atrás. Esa cicatriz que queda en el alma es el mejor testimonio de todo lo aprendido, del crecimiento alcanzado.

La tormenta ya pasó. Abre tu corazón a los ángeles, deja que ingresen en ti”

A modo de conclusión, Lament es un gran disco, realmente bueno, y solo podemos recomendarlo como lo que es: una obra de arte. No es música casual de consumo para oír y pasar un simple momento agradable. Aquí hay un mensaje profundo y una gran carga digamos...”espiritual” que puede no ser del agrado de todo el mundo y que requiere una escucha activa y atenta. Es un álbum que exige, pero que acaba recompensando con generosidad al oyente.

Recomendamos para una experiencia plena leer las letras, ya que son una parte fundamental del todo. Sin ellas nos estaremos perdiendo seguramente lo más significativo de la obra.

Los únicos aspectos negativos dignos de comentar son, por un lado, la calidad del sonido de las guitarras distorsionadas y, por otro, el ritmo marcadamente pausado que domina el disco durante casi toda su parte central. Lo primero se debe a la austeridad de medios con la que fue grabado el disco, de forma casi autoproducida y, aunque no es algo que empañe el resultado final, choca viniendo de una banda que podemos considerar “tan grande”. En cuanto a la abundancia de canciones muy lentas, es algo subjetivo, ya que puede ser del agrado de unos y no de otros. Desde luego es algo que dota de personalidad al álbum dentro de la discografía de Lacrimosa y que responde a la voluntad de crear unos determinados estados de ánimo. Se trata, al final, de conectar con el disco y dejarse llevar hacia sus profundidades.

No nos queda más que reivindicar la figura de Tilo Wolff como un genio musical y un enorme letrista, que nunca termina de recibir todo el reconocimiento que merece. Quizás esto se deba a haber escogido siempre el camino más minoritario y difícil; el más sincero. Este es, al fin y al cabo, el único camino que merece realmente la pena.

Tracklist de Lament:

  1. Lament
  2. Ein Sturm Zieht Auf
  3. Ein langer Weg
  4. Du Bist Alles Was Ich Will
  5. Avalon
  6. Geliebtes Monster
  7. Dark Is This Night
  8. Punk & Pomerol
  9. In Einem Anderen Leben
  10. Memoria

Enlaces de interés sobre la banda

Autor
Kibagami Ánima
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